Vamos analizar dos textos de autores muy distantes en ideología. Cada uno puede trasladar lo que considere al 2020...
Texto 1:
Texto 1:
“… Un propagandista, si trata, por ejemplo, la
cuestión del paro forzoso, debe explicar la naturaleza capitalista de las
crisis, señalar la causa de la inevitabilidad de las mismas en la sociedad
actual, indicar la necesidad de transformar la sociedad capitalista en
socialista, etc. En una palabra, debe ofrecer “muchas ideas”, tantas que todas
esas ideas, en su conjunto, podrán ser asimiladas en el acto sólo por pocas
(relativamente) personas. En cambio, el agitador, al hablar de esta misma cuestión
tomará un ejemplo, el más destacado y más conocido de su auditorio -pongamos
por caso, el de una familia de desocupados muerta de hambre, el aumento de la
miseria, etc.- y, aprovechando este hecho conocido de todos y cada uno,
dirigirá todos sus esfuerzos a dar a la “masa” una sola idea: la idea de lo
absurdo de la contradicción existente entre el incremento de la riqueza y el
aumento de la miseria; tratará de despertar en la masa el descontento y la
indignación contra esa flagrante injusticia, dejando al propagandista la
explicación completa de esta contradicción…”.
LENIN, V.I.:
“¿Qué hacer?”, en Obras completas. Madrid. Akal. p. 417
Texto 2:
“La propaganda aventajará, con su impetuoso avance,
desde muy lejos a la organización, a fin de conquistar el material humano
indispensable para esta última. Un agitador capaz de transmitir una idea a las
muchedumbres, es un psicólogo aun cuando sólo se trate de un demagogo. Siempre
resultará mejor como un caudillo que el teórico retraído que nada sabe acerca
de los hombres. Porque el hecho de ejercer la dirección exige capacidad para
conmover a la multitud…
Ya me he referido a la importancia que atribuí a la
propaganda durante la primera época del movimiento. La función de ésta es
inculcar la nueva doctrina a un núcleo reducido de individuos, para dar forma
al material con el cual se habrían de poder constituir más tarde los primeros
elementos de una organización. Mientras duró este proceso, los fines de la
propaganda fueron muchísimo más importantes que los de la organización. La obra
que debe de realizar la propaganda es la de continuar conquistando partidarios
para la idea…
”HITLER,
A.: Mi lucha.Madrid. Antalbe.
1984. pp. 279-280
Nos encontramos ante dos textos históricos de comienzo del siglo
XX donde, como se ha definido en las clases, se pone de manifiesto con toda
claridad el hecho de que sea considerado el siglo de las ideologías.
Independientemente de las similitudes y diferencias que analizaremos en un
apartado posterior, lo primero sobre lo que tenemos que pararnos ante los dos
textos que se nos presentan es ¿por qué hacen tanto hincapié ambos autores en
la necesidad de propagar la idea que sea?.
Por unos momentos vamos a olvidarnos del contenido de su mensajes
y centrémonos en la pregunta anterior:
¿por qué hacen tanto
hincapié ambos autores en la necesidad de propagar la idea que sea?.
Difundir y propagar estas ideas con tal vehemencia solamente es
entendible por la necesidad de hacerlas llegar a la gente y, sobre todo, por un
profundo convencimiento de lo que se dice. Esto que puede resultar común a
cualquier orador, debe ser interpretado prestando especial atención a los
acontecimientos históricos que produjeron que los autores firmantes de los
textos, fueran en ciertos momentos de sus vidas obligados a alejarse de toda
comunicación ordinaria y normalizada dentro de sus propios países. El
alejamiento de los dos protagonistas de su sociedad, léase la cárcel o el
exilio, no supuso, como ha quedado demostrado en ambas biografías, un olvido en
sus tareas comunicativas, sino más bien un período de reflexión fructífero que
no hizo sino ahondar en las convicciones personales, de cada uno de ellos, para
lanzar a la sociedad con toda su fuerza, los frutos de sus análisis sobre los
acontecimientos que sucedían en sus respectivos territorios.
En este sentido conviene recordar, de manera breve, la situación histórica previa a los
escritos, el alejamiento forzoso de la sociedad de los autores y la vuelta de los mismos a la sociedad.
Solo analizando el por qué se propició estos escritos, y el cómo se hizo
posible que ambos triunfaran, podremos desentrañar los secretos de cómo dos
personas pudieron, por su talento y convicciones (ambiciones en uno de los
casos), cambiar el devenir del mundo del siglo XX.
Contexto histórico y
personal de los autores.
Lenin ha sido expulsado de la Universidad por promover las ideas
de Marx y marcha a Suiza y Alemania para contactar con grupos marxistas y
anarquistas. Es descubierto y deportado a Siberia de dónde, se cree, escapará 5
años después para, de nuevo, afincarse en Suiza. Estamos en el año 1900 y,
antes de regresar a Rusia, después de la apertura política de Nicolás II, tras
la revolución de 1905, sentará los precedentes del texto que se nos presenta.
Durante los años que pasa en su segunda estancia en Suiza funda el primer
periódico marxista en el exilio: “Iskra”. La base de nuestro texto se basa en
un artículo escrito en ese periódico, en mayo de 1901, que versa sobre la
necesidad de establecer las pautas necesarias para difundir el marxismo por
toda Rusia en principio. En este artículo ya comienzan a vislumbrarse los
cimientos del contenido principal a difundir y los mecanismos de organización y
agitación que más tarde abanderarán sus teorías. ¿Por dónde empezar?, título del artículo citado, es una hoja de
ruta que servirá como guía para los próximos decenios donde la máxima ya se
expone en el texto dado: “(...) transformar la sociedad capitalista en socialista”.
Antes de volver a
Rusia, publica “¿Qué hacer?”, libro
que enmarca nuestro texto y que inicia los movimientos estratégicos de un Lenin
que no escatima esfuerzos en mantener comunicación escrita permanente con otros
medios de la izquierda europea. Mientras tanto la prensa liberal de Rusia trata
de vender el derrumbe del marxismo entre sus conciudadanos. La batalla
mediática ha comenzado a gran escala.
Lenin, de acorde
con su teoría de la acción viaja por toda Europa promoviendo su reflexión en
este segundo paso que nos ha dirigido del ¿por dónde empezar? al, llegado el
momento, ¿qué hacer?. En estas tareas de propaganda directa, mediante sus
conferencias y colaboraciones pasa unos años hasta su llegada a Rusia en 1917.
Un año especialmente difícil por las consecuencias de la I Guerra Mundial donde
la realidad es terrible y él advierte que es necesario contarla, boca a boca si
fuera necesario y, siempre, bajo el manto de las teorías marxistas. Su táctica
es definida perfectamente en el texto: para que la gente pueda interiorizar los
mensajes que se publicitan es necesario, tal y como apunta Jean Marie Domenach
en su libro “La Propaganda Política”, revelar la injusticia que se produce
mediante la denuncia pública y, por otra parte, proponer la acción o “voz de orden” como el mismo autor propone. En nuestro texto se hace
referencia al primer paso cuando se habla de que es necesario que se expliquen
los hechos mediante “(...) un ejemplo, el
más destacado y conocido de su auditorio (...)”. Ahí se encuentra la clave
de su modo de entender la propaganda: Contextualización de los problemas y
adecuación de la información a los receptores de los mensajes. En este sentido
cabe destacar que, se introduce, dentro de esta revelación, un componente de
participación activa por parte de los escuchan estos mensajes, al presuponer
con acierto que “(...)la idea de lo
absurdo de la contradicción existente entre el incremento de la riqueza y el
aumento de la miseria; tratará de despertar en la masa el descontento y la
indignación contra esa flagrante injusticia (...)”. De este paso intermedio
a la acción no media espacio alguno. Más adelante analizaremos como la acción estará
en todos y cada uno de los lugares siguiendo el patrón que este texto nos
marca.
Hitler tampoco tuvo
unos inicios fáciles. Tras formar parte de la unidad especial del Departamento
de Educación y Propaganda en el ejercito alemán, con el objetivo de levantar la
moral de los soldados que habían perdido la Primera Guerra Mundial, Hitler no
deja de tener como referencias las conclusiones derivadas de la obra
“Psicología de las masas” de Le Bon. En este libro se expone la necesidad de
utilizar “la fuerza de la masa” en contraposición “al peligro comunista”. Es
importante en este punto, señalar que el propio Le Bon hablaba de que “las
cosas más irreales son las que más llaman la atención” y años más tarde,
después del asentamiento del nazismo como movimiento, se comprobará en algunas
de las estrategias propagandísticas utilizadas. En nuestro texto podemos
adivinar, que cuando Hitler escribe “Un agitador capaz de transmitir una idea a
las muchedumbres, es un psicólogo aun cuando sólo se trate de un demagogo”, está
refrendando el principio anteriormente señalado por Le Bon donde importa más el
mensaje que la veracidad del mismo.
Junto a estos precedentes culturales de Hitler hay que destacar la
situación internacional contraria a una Alemania, vencida, demonizada y
estigmatizada por el Tratado de Versalles de 1919. En este ambiente de
depresión económica y estructural es donde Hitler comienza a fraguar su primera
campaña mediática, dedicándose a promover el conocimiento de los Pactos de
Brest-Litowsk y de Versalles; el primero de ellos auspiciado por los alemanes
con claras ventajas para sus intereses y el segundo, propuesto e impuesto por
los aliados para hacer que Alemania pague los gastos derivados de la contienda
y reconozca su culpabilidad. Estos hechos serán más tarde recogidos en el
Capítulo Sexto de la Segunda Parte de “Mi Lucha”, don de Hitler recuerda como
comenzaba y terminaba cada una de esas asambleas informativas sobre los dos
pactos anteriormente mencionados: “Traté el tema en asambleas de dos mil
personas, donde a menudo se concentraba sobre mí la mirada hostil de
mil ochocientos. Pero tres horas más tarde me vía rodeado de una muchedumbre
poseída de indignación sagrada y de furia inaudita”. Estos éxitos de comunicación y el hecho de hacerse con las riendas del Partido
Nacional-Socialista Alemán de los Trabajadores le llevan, 2 años después, a
protagonizar el Putsch de Munich. Este intento de golpe de estado se saldó con
varios muertos, a los que homenajeará en su libro “Mi Lucha”, y con su ingreso
en prisión que es donde lo escribirá.
Ambas situaciones derivadas de las guerras y del agravamiento de las
condiciones socioeconómicas de Alemania y Rusia con comunes a la obra de ambos
autores que tratan, a través de “Mi lucha” y “¿Qué hacer?” respectivamente,
formular una serie de ideas que, aunque con propósitos distintos, tiene el
objetivo de hacer que la “masa” no permanezca ausente del movimiento de cambio
social que intentan inculcar.
Claves para
entender los textos.
-
Ambos textos nos marcan un objetivo común:
conmover y despertar a la masa. La
diferencia estriba principalmente en que Lenin lo promueve a través de ejemplos
concretos, reales y cercanos considerando que sus interlocutores vean “ la idea de lo absurdo (...)”, es
decir, considera a su público con esta capacidad de analizar, entender,
agitarse y actuar, mientras Hitler es partidario de realizar esta propaganda
para conseguir “conquistar material
humano indispensable (...)”. Abundando en este concepto, Jean Marie
Domenach, en su libro “La Propaganda Política” , argumenta este mismo criterio
de veracidad cuando señala que “Tierra y Paz” en boca de Lenin significa eso
mismo, reparto de tierra y salirse de la guerra, pero cuando en la propaganda
nazi se señala “en defensa de la civilización cristiana” queda vacío ya que tan
solo se promueve aumentar la masa a
influir o captar.
-
Ambos autores, más allá de la transmisión de sus
mensajes tienen puestas las vistas, a largo plazo, en objetivos más importantes
que promover esas ideas.
Por una parte Lenin persigue “transformar
la sociedad capitalista en socialista”, remarcando este objetivo con la
simplificación de su mensaje, al aportar una sola idea cuando se quiere
transmitir un mensaje: “(...)dar a la
masa una sola idea: la idea de lo absurdo de la contradicción existente entre
el incremento de la riqueza y el aumento de la miseria”.
Hitler persigue la creación de una organización que promueva un Estado
alemán fuerte, dirigido por un Partido Nazi aún mas fuerte, aunque en un
principio anteponga la propaganda a la estructura de la propia organización
para, paradójicamente fortalecer la organización. Según recoge Antonio Pineda en su artículo “Orígenes
histórico-conceptuales de la teoría de la propaganda nazi”, en relación a lo
anteriormente dicho, “El primer deber de la propaganda estriba en
conquistar hombres para la organización; el de la organización, en conquistar
hombres para proseguir la propaganda”.
-
Ambos autores proponen “un organigrama
propagandístico” basado en personas.
Lenin pone el acento en el agitador como motor del ámbito donde éste se
mueva. De esta forma creó “células” que activan todos los periódicos locales y
que se mueven como corresponsales populares en todas y cada una de las
actividades de la sociedad.
Hitler persigue “(...) inculcar la
nueva doctrina a un núcleo reducido de individuos, para dar forma al material
(...)”.
Una diferencia fundamental entre ambos puntos de vista es que Lenin huye
del carácter poco práctico del propagandista por su carácter teórico y profuso
en datos y argumentaciones que, lejos de prescindir de su servicio, lo reserva
para tareas más específicas de información: “(...)dejando
al propagandista la explicación completa de esta contradicción(...)”, “Un
propagandista, (...) debe explicar la naturaleza capitalista de la crisis
(...), debe ofrecer muchos detalles (...)”.
- Las similitudes
observadas en la importancia relativa a la propaganda, si bien su desarrollo
posterior es distinto, se debe fundamentalmente a la admiración que Hitler
tiene por la estructura creada por Lenin años antes a su subida al poder. En el
Capítulo dedicado a Propaganda de Guerra, en “Mi lucha”, Hitler se hace eco del
dominio y maestría de las organizaciones marxistas en el arte de la propaganda.
OPINIÓN
PERSONAL
Personalmente, desde el inicio de los diferentes títulos podemos sacar
bastantes conclusiones. Desde el ¿Por donde empezar? y ¿Qué hacer? de Lenin se
vislumbra un abultado conocimiento del concepto de estrategia y táctica propio
de la teoría marxista que nos ha llegado a nuestros días. Es necesario conocer
la actualidad y los problemas para, una vez interiorizados, actuar. Basta con
ver el lema de la actual campaña de Izquierda Unida: ¡Rebélate!. Rebelarse es
el segundo paso de ¡Conoce! Y la equivalencia de ¿qué hacer?. La gente ya
conoce el estado actual de las cosas, los culpables y los que han dejado
marchar a los culpables. En su momento Lenin debió empezar a promover el
conocimiento de las injusticias que se llevaban a cabo en Rusia (el
ahorcamiento de su hermano posiblemente fue la gota que colmó el vaso). Hoy los
medios nos tienen al día a todos, lectores asiduos de diarios o
“tecno-alcahuetes” de Facebook. Estamos informados todos, y ante un ¿qué
hacer?, miles de personas se juntan un 15 de Mayo en la Puerta del Sol y, días
más tardes, en todos los sitios.
“Mi lucha” es su propia lucha de ambición, complejo y ansias de poder por
el propio gusto del poder. No se le puede negar su enorme inteligencia, pero sí
su egoísmo desmesurado y egocéntrico donde, por encima de la justicia, estaba
su propio ego. Sentirse un mesías lleva estos riesgos.
Terminar diciendo que me he sentido afortunado al descubrir y aprender
tantas cosas interesantes que muy posiblemente, en algunos momentos de mi vida
he practicado activamente y que, como persona crítica y poco acomodada, seguiré
practicando, si bien, de ahora en adelante, con un poco más de conocimiento y
humildad propia de reconocer que hace más de 111 años, ya había por Europa un
tipo dando lecciones de ética, de humanismo, de derechos universales y,
curiosamente, de publicidad y propaganda que ha transcendido hasta nuestros días. Ya sólo queda esperar al
domingo 20 para saber, no quién ganará, sino cuantas personas han decidido
continuar la senda del ¿qué hacer?.


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