Comencemos
buceando en el apasionante mundo de la
rumorología constatando que los rumores, no por antiguos, continúan paseándose
por nuestras vidas permanentemente.
Para ello tomaremos como referencia el artículo publicado por el Profesor Cortazar Rodríguez sobre este tema.
Según la
Psicología Social, Allport y Postman exponen que el rumor se configura como una
proposición colectiva que pasa de persona a persona, habitualmente de palabra,
y sobre el que no existen datos que permitan contrastar la verosimilitud del
mismo. Es decir, no se puede verificar si es real o no.
El
desencadenante que promueve la creación del rumor suele ser una acción
colectiva que trata de arrojar luz y dar sentido a una serie de hechos confusos
desde diferentes puntos de vista. Por una parte, como se ha mencionado
anteriormente, tratan de explicar situaciones no concretas, modificar
determinados comportamientos llamando la atención sobre determinados aspectos
susceptibles de tener en cuenta en nuestra vida ordinaria. En este sentido
estamos confiriendo al rumor diferentes facetas que lo justifican. A saber, una
faceta explicativa, pragmática y de asimilación social respectivamente.
El rumor se
nutre fundamentalmente de dos factores que contribuyen a su engrandecimiento y
difusión: la Importancia del mismo y su Ambigüedad. Por la Importancia debemos
señalar que serán aquellos rumores con más capacidad de influencia sobre el
imaginario colectivo los que perduren en el tiempo pero, y aquí es donde el
rumor toma fuerza, con una fuerte Ambigüedad que impida el conocimiento real de
su existencia o no.
Los tiempos
que nos han tocado vivir plagados de nuevas tecnologías y excelentes
herramientas de comunicación han acogido al rumor con agrado. Del canal clásico
de transmisión de rumores hemos pasado a la inmediatez del contagio
“rumorológico” de Internet. Pero no siempre esto fue así.
Según aporta Francisco
Javier Cortazar Rodríguez en su texto, existen una infinidad de ejemplos
clásicos sobre rumores que persisten en la actualidad y que han ido
difundiéndose por el canal del “boca a boca” en sus orígenes. Todo el mundo
tiene un amigo que conoce a otro amigo que sabe lo “de la autoestopista”, “los
cocodrilos de las alcantarillas de New York” y lo de “la mascota mexicana”.
Saltando
al pasado, Cortazar recuerda el rumor de Chupacabras que recorrió medio mundo
con versiones adaptadas a cada región o país. Mi experiencia personal desde
pequeño puede atestiguar, no la
presencia de este ser sino la versión extremeña del Chupacabras: el “sacamantecas”.
En definitiva es el mismo ente adaptado a mi región y puedo garantizar que
cumplía su función dentro de la Faceta de diferenciación social: Alertar de un
peligro. El boca a boca funcionaba perfectamente porque el rumor estaba
ampliamente difundido. Todos eran conocedores de algo que nadie jamás había
podido contrastar.
Del
pasado al presente, el profesor Cortazar nos expone con excelente claridad los
diferentes tipos de rumores que nos asaltan, ya no a través de la boca de nuestro
interlocutor sino de las pantallas de nuestros ordenadores. El rumor viaja a la
velocidad de la luz y ha encontrado en Internet su aliado perfecto. Cortazar
nos recuerda que la red difunde una serie de rumores que versan sobre la propia
red. A saber, alertas sobre virus informáticos, cadenas de solidaridad,
peticiones, cadenas mágicas y un sin fin de rumores que encuentran en los mails
el vehículo idóneo para su difusión.
Respecto
a la diferencia que encontramos entre los rumores que navegan por la red y los
rumores clásicos es conveniente echar u vistazo tanto al texto del profesor
Cortazar como a la fórmula de Rosnow. En ambos tipos de rumores el componente
Incertidumbre e Implicación son necesarios para que el rumor funcione. La
Implicación del receptor ha variado de canal. Para el componente Ansiedad
debemos señalar que los rumores clásicos promovían un elevado estado de tensión
colectiva que venía rodeado de temores, fobias e incluso miedo atroz. En este
sentido Cortazar relata las diferentes referencias mediáticas que conllevó la
difusión del conocido “Chupacabras”. Diferentes formas, diferentes historias
pero todas con una raíz común. Respecto a este factor de la ecuación de Rosnow,
la Ansiedad, los rumores en Internet han copiado a la perfección el espíritu de
los rumores clásicos. Todavía recordamos los que tuvimos que trabajar la noche
del 31 de Diciembre de 1999, controlando diversos paneles de abastecimiento de
agua potable a importantes ciudades, para que en el primer segundo del año 2000
aceptáramos que todo había sido nada. Como el mismo profesor Cortazar menciona,
“el bug del año 2000”.
La sociedad está generando un
determinado tipo de rumor que afecta directamente a la red y que, de una manera
u otra, contribuye a la descarga adrenalínica de muchos individuos que
desconocen las consecuencias de estos rumores. En un mundo globalizado la
credibilidad o no de un rumor puede hacer que la bolsa de un determinado bien o
servicio se tambalee. Hoy mismo, 24 de enero de 2012, amanecen los diarios
digitales con el rumor del tiempo que le queda de vida al presidente de
Venezuela. ¿Acaso nos pensamos que no derivará en consecuencias económicas para
el resto de los mortales?
Apoyándome
en la sugerencia del profesor García sobre el papel de los medios, hay que
exigir una vuelta a la esencia del periodismo serio y de rigor. Contrastar es
la única herramienta que nos queda a los que estudiamos este Grado de
Comunicación y a los que ejercen dicha profesión. Contrastar es volver a las
fuentes primarias para tratar de clarificar la información y tratar de desvelar
si se trata de un rumor o de una noticia (verdadera o falsa).
El
rumor es parte intrínseca del ser humano por cuanto nos permite imaginar, relajar
determinadas situaciones y fabular. Ha sido así siempre, pero con la llegada de
la nueva era digital los oídos y las bocas son más y más rápidos. Una de las
grandes diferencias de los rumores clásicos y los recientes es que muchos de
los rumores que circulan por Internet sobre Internet, tienen fecha de
caducidad. Los clásicos, vayan por el canal que vayan, en términos generales,
parecen ser inmortales.
Para
terminar, he de reconocer que de la lista que presenta el profesor Cortazar, al
final de su exposición, sobre rumores muy famosos, he sido consumidor y difusor
de alguno de ellos. Y esto es lo que tienen los rumores, que nadie ve el final
del ovillo pero nos creemos que en el final está lo que nos cuentan.
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