Hoy terminé un examen de los pocos que me faltan para terminar el Grado de Comunicación. La materia en cuestión eran las Relaciones Públicas (RRPP).
La pregunta maldita que llevaría la mayor parte de la prueba era la búsqueda de las ventajas de las RRPP frente a la Publicidad y, además, desentrañar las claves de por qué se mira con malos ojos todo aquello que suena a "relaciones públicas", con minúsculas y entrecomillado.
Explicar el asunto hubiera necesitado de numerosas páginas y algo más que las dos horas reglamentarias. En este caos mental me decidí por definir el concepto de mequetrefe, esto es, un "relaciones públicas" para los profanos en temas de comunicación y un verdadero RRPP.
Para todo ello me serví del último evento promovido por el sujeto Pequeño Nicolás. Un chaval aficionado a coleccionar tarjetas, mails y selfis de famosos con los que, tras pasearse por los platós de televisión, se cree en el derecho universal de dejar una cuenta de más de 500 euros en un restaurante de prestigio de Madrid. Bien, esto es un aprendiz a pícaro, a sinvergüencillas de capital o cualquier otro calificativo que nos recuerde al Lazarillo de Tormes o, dado el caso, a Pinocho.
El verdadero RRPP es el que ha manejado la comunicación en el restaurante. Por una parte ha solventado la crisis con maestría al no poner el grito en el cielo sino en la policía para revalorizar el respeto que siente por el resto de sus públicos, esto es, todos los que pagan. Además, siendo portada de todos los informativos del día siguiente se aupó en la cima del uso táctico de la Publicity (Publicidad gratuita en medios) junto con Apple. Por si fuera poco, tras ser detenido Nicolás, retiraron discretamente la denuncia y aquí no ha pasado nada.
Un publicista hubiera ido esa misma noche a imprimir nuevas cartas con menús del día bajo el título de "Menú Pequeño Nicolas: Fast Food & Fast Run away". Esta es una de las grandes diferencias. El Publicista piensa a corto plazo pero el RRPP fija sus objetivos bastante más allá de lo que durarían esas cartas de menús sobre la mesa del restaurante.
También argumentaba que el Publicista habla solo consigo mismo porque su rendimiento se mide en el número de menús que vendería con el reclamo de la sonriente cara del sonrojante chaval. El RRPP dialoga, responde, propone y todas aquellas acciones en los que intervengan públicos, reales o potenciales.
El RRPP sabe que ha ganado credibilidad, discreción, notoriedad pública y, sobre todo, el respeto de sus clientes. Su restaurante ha ganado caché entre las personas honradas porque saben que hubiera sido más fácil agarrarse a la táctica del amiguismo sencillo de invitar a una celibrity para solventar este desaguisado. No fue así y, lo que técnicamente se conoce como prescripción a favor del cliente, se transformó en honradez y justicia. En este sentido, lo que se hizo se ha hecho bien y, de manera sutil, se ha hecho saber.
En fin, desde aquí quiero agradecer a este aspirante a no se sabe qué su capacidad para inspirar ensayos serios que, bajo un trasfondo aparentemente humorístico, permiten describir realidades que pongan en su merecido lugar a la inconmensurable e insustituible labor de los RRPP de las organizaciones.
Nota: Esta es la web del citado restaurante: http://www.ramseslife.com/
Ya solo les faltaría, tras lo acontecido, tener una Press Room online

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