EL PSTORCLLO PDRO SNCHZ, EL LBO y el SXTO SNTIDO

Había una vez un secretario general de un partido político al que le gustaba pregonar la venida del lobo. A diario clamaba el peligro que se cernía sobre el resto de la humanidad.

¡Qué viene el lobo! !Tened cuidado que el lobo miente más que habla!




Cierto día, el joven y apuesto pastorcillo acudió con premura a lo alto de un monte para gritar, esta vez, con mucha más fuerza su mensaje apocalíptico. "El lobo, el lobo".

El eco de aquellos montes le devolvió una sonora carcajada que él no logró entender. Con la sorpresa del que no espera respuesta en medio de la nada, el pastorcillo volvió a su cabaña.

Al abrir la puerta vio que el lobo estaba sentado en sus sillón y compartía mesa con otros extraños pastores que parecían disfrutar de la conversación.



Ante aquella ofensa en su propia casa, Pdro cogió su honda, colocó un canto rodado y, cuando estaba a punto de lanzarla (no se sabe contra quién), apareció su madre.

- Pdro, guarda la honda y vete a tu habitación, le ordenó con suavidad.

El zagal recogió su arma, se metió la piedra en el bolsillo y se dirigió a todos:

- Madre, le tengo mucho afecto pero debe saber que si quisiera...(hizo una pausa), si quisiera le podría haber dado en la cabeza a cualquiera de ellos.

- Sí hijo. Sé que ahora eres el mejor pastor de nuestro grupo. Lo sé.

- Madre, ¿por qué los demás pastores no se asustan del lobo?

- Hijo mío, ¿dónde están esos pastores que me dices?

- Ahí madre, en la mesa, junto al lobo.

- Pdro, estás cansado cariño. Vete a dormir un poco y descansa que llevas siete meses muy duros.

El joven pastor obedeció y se despidió de todos sin recibir respuesta alguna.

La madre se dirigió a todos los que ocupaban la estancia y les dijo con cierta pesadumbre:

- Perdonadlo, Pedrito no ha visto "El Sexto Sentido".

                                                                                                                   El Roto


Cuando todos escucharon los ronquidos del exhausto jovenzuelo, procedieron a despojarse de los disfraces de pastores. La jauría reía mientras aquel joven soñaba con liderar su rebaño...

...y colorín, colorado, este cuento no ha acabado...





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