LA TORMENTA “PERFECTA”
A día de hoy
los máximos líderes políticos de nuestro país anuncian borrascas, truenos y
centellas para el próximo año, dicho sea de paso, “multielectoral”. Los
municipios, autonomías y el Estado recibirán
grandes aguaceros y descargas eléctricas que, como dicen algunos
avezados políticos, pondrán en riesgo nuestro futuro, como si ahora el tiempo sociopolítico
fuera soleado, benigno y placentero.
“Pdr Snchz”,
secretario general del PSOE y amante de las consonantes, vaticina un “pronóstico
poco predecible” en el que no sabe muy bien si los vientos le acercarán a un
pacto de Estado con el PP o a un acuerdo de gobierno con IU y Podemos. El
secreto de ser hombre del tiempo a tan largo plazo no solo es hacer saber que
se puede nadar y guardar la ropa sino representar como que se nada sin tener
que ni siquiera desvestirse. Con tantas imprecisiones se ha producido algo
curioso y que demuestra que pocas veces un electorado tan fiel se ha
volatilizado tanto en tan poco tiempo.
Pablo Iglesias,
el ubicuo líder de Podemos, mantiene su tesis de que las lluvias van a ser
torrenciales y con graves destrozos para con los dos partidos políticos
mayoritarios. En su mapa de isobaras destaca que las líneas que ligan los
asuntos de estropicios por casos de corrupción, pobreza y desigualdad en la
geografía nacional, afectan tanto a comunidades del PP como del PSOE. En su
discontinuo recorrido por los medios de comunicación se encarga de validar la
máxima de que “al mal tiempo, buena cara”. Esa sonrisa que engalana en cada
minuto televisivo es la misma que, a modo de pararrayos, atrae las iras y las
críticas de sus feroces contendientes.
Mariano Rajoy,
Presidente del Gobierno y del PP, parece promover la idea de que el tiempo
meteorológico será el que tiene que ser independientemente de lo que se
aventuren a pronosticar unos y otros. Si llueve, bien, pero si las canículas
nos achicharran, también bien. No hay más motivo para la preocupación que saber
esperar a los acontecimientos que, inexorablemente, llegarán. Entre tanto,
Rajoy prefiere mirar el cielo para tratar de comprender como las nubes se
desvanecen y reaparecen sin más propósito que tener la mente ocupada en tan
complejo proceso atmosférico que, por momentos, le recuerdan a esas volutas de
humo denso que él mismo exhalaba con profusión.
Ante la
disparidad de criterios de cada una de sus tesis, nos podemos plantear que, con
toda seguridad, el tiempo político va a ser inestable en la medida en que según
los últimos resultados del CIS, ya ningún partido político va a poder disfrutar
en exclusividad del paraguas que cobija a un determinado gobierno. Ahora el PP
puede eludir cualquier tormenta parlamentaria con el simple gesto de abrir
dicho paraguas y dejar que las propuestas de la oposición resbalen, como gotas
de agua, por la tela del parapeto impermeable que le permite su mayoría
absoluta.
Otro asunto
será el día en que un único paraguas tenga que servir de escudo para dos
formaciones políticas (PP y PSOE) o para tres (PSOE, IU y Podemos).
Como nunca
llueve a gusto de todos, la situación se promete interesante desde un punto de
vista puramente estratégico, es decir, saber qué hacer cuando descubran que la
tela que los defenderá de las inclemencias de la opinión pública es limitada y,
por este contratiempo, saber que si de un lado se tira, del otro mengua. En
estas disyuntivas se encontrarán el PP y el PSOE si continúan empeñándose en
invocar a Thor, a la mínima de cambio, para que martillee con repetitivas
diatribas al líder de Podemos.
Todos pueden
pero no todos quieren reconocer cuales son sus planes en el caso de que el día
de los comicios municipales y autonómicos, día de previsibles tormentas, salga
el sol aunque sea parcialmente. Tras reconocer hace unos días la señora
Cospedal y el propio Pedro Sánchez que es posible un acercamiento
postelectoral, los hechiceros de cada una de sus tribus arrojaron los huesos
sobre los enmoquetados despachos del Congreso para aventurar ciclones, alta
marejada, riesgo de inundaciones violetas y granizos redondos como los círculos
de la formación de Pablo Iglesias. No pasaron ni dos horas desde las
“infaustas” declaraciones para que la misma Cospedal y César Luena,
lugarteniente del líder socialista, irrumpieran en medio de los informativos
para dar el tiempo en la sección de política. Ni una ni otro pactarían entre
ellos. Hasta tres veces llegó a negarlo Luena como si del apóstol pétreo se
tratara. En mayo puede ser que el día en que se celebren estas elecciones, tras
los primeros escrutinios, se oiga un gallo cantar en Ferraz y otro en Génova.
Dicen los
antiguos que hasta el cuarenta de mayo no te debes quitar el sayo y eso es lo
que están haciendo algunos de nuestros máximos representantes. Nos muestran sus
manos, sus gestos, sus espavientos y sus más ridículas caricaturas televisivas
en pro de aparentar ser como los hombres y mujeres que cada mañana no madrugan
para levantar un país sino su propia casa. La normalidad no es patrimonio de
vestir sin corbata ni resultar jocoso cuando la que está cayendo impone cierto
rictus en el comportamiento y en la actitud. Ese sayo que esconde el corazón de
cada uno de ellos empieza a deshilacharse con cada tromba de asuntos oscuros
que aparecen en los medios y que, jirón a jirón, van dejando al descubierto la
esencia de cada una de las personas que pretenden llegar a mayo con sus valores
ocultos.
Ni Rajoy ni
Sánchez están dispuestos a admitir que tras las elecciones de mayo pudieran
producirse ciertos acercamientos entre sus formaciones porque, con toda
probabilidad, estarían encumbrando a Pablo Iglesias al Olimpo de los
meteorólogos por haber acertado estas predicciones municipales y autonómicas y,
lo más importante, le estarían dando las claves para, en otoño con las
elecciones generales, producir La Tormenta Perfecta...
Artículo político realizado por Pepe Carrasco para la asignatura de Información Nacional y Política, del Grado en Comunicación en la UNIR (Universidad Internacional de la Rioja), 6 de diciembre de 2014.


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